El consumidor inteligente

30.03.2012 11:17

Ibiza, 30 de marzo de 2012 (Cristina Marí)- Como periodista estoy muy acostumbrada a escuchar a lectores descontentos acusando a compañeros de mentir o de manipular la realidad. Resulta fácil descalificar a profesionales de otro sector y, a veces desde el desconocimiento, nos apresuramos a ofrecer juicios de valor sin tener en cuenta cómo se trabaja desde la otra parte. Nos compramos el diario El Mundo o somos fieles a El País, para el sesgo social si somos más radicales consumimos o Público, (hasta hace semanas), o el ABC y La Razón. Juzgamos pensando que el periodista escribe desde algún tipo de pedestal desde el que su único objetivo es manipular y conseguir algún objetivo todavía no desvelado y lejos queda aquella frase que todos escuchábamos cada noche en boca de Matías Prats cuando, al finalizar el informativo afirmaba “así son las cosas y así se las hemos contado”.

En un gremio en el que por convenio ya se trabaja, en demasiadas  ocasiones, por amor al arte, la mentira o la verdad son términos que dejan de tener sentido. Todas las facultades de Periodismo cuentan con un profesor que se dedica a quitar la venda a los estudiantes que, rebosantes de valores y ganas de cambiar el mundo, escogen esta carrera cada año. El catedrático, en una de las primeras clases y para ganarse el respeto de sus alumnos, suelta alguna variante de esta gran verdad “si fuéramos objetos, seríamos objetivos, pero como somos sujetos, somos subjetivos, señores la objetividad en periodismo no existe”. Esta afirmación cambió mi forma de ver el mundo, y presumo, que la del millares de compañeros.

Después de mis pocos años de experiencia animo a tener en cuenta la idea del “consumidor inteligente”. Este tipo de lector, oyente o telespectador, capaz de identificar la mano detrás de quien suscribe una información. Ese tipo de persona que quiere conocer todas las opiniones o todas las partes de una misma verdad para hacer su propio juicio de valor y que asume que, cada empresa informativa, como todos nosotros, tiene su trayectoria, sus enfrentamientos  y cuenta con unos trabajadores.

Los profesionales que firman cada día sus noticias, no lo hacen únicamente por una cuestión de ego, lo hacen para que se sepa quién hay detrás de dicho reportaje, comentario o enfoque, y asumir los posibles errores o aciertos que se cuelen bajo sus letras. Las noticias no son anónimas, hay un responsable detrás que afirma que, según lo que ha podido investigar, esta es una versión de los hechos. Partiendo de esta base, el consumidor inteligente es capaz de interiorizar este background que toda persona tiene, combinado con la línea editorial de un periódico, y de ahí sacar otra versión de los hechos, la suya. ¿Eso es la verdad? No. Se trata de riqueza intelectual.

Cuando era pequeña solía escuchar a mi padre decir que “para estar bien informado hay que leer dos o tres periódicos cada día”. En aquel momento me pareció un aburrimiento y una pérdida de tiempo. Actualmente creo que es algo que todos deberíamos hacer, si nos interesa la información. Pero no dos periódicos cualesquiera. Habitualmente compramos una cabecera a la que somos fieles. Nos informamos a través de unas determinadas emisoras de radio que, generalmente suscriben aquello con lo que nosotros ya estamos de acuerdo. Buscamos en los medios una forma de reafirmar  nuestras ideas. Es como el niño que acepta la opinión de su madre, que siempre le dice que es el más guapo, el más alto y el más listo, desdeñando a aquellos que nos dicen lo contrario, y cerrándose a la higiene mental de saber qué dice el tan temido “otro lado”.

Cuando se crea la noticia, ésta no viene con la verdad debajo del brazo, y es tarea del periodista dilucidar y transmitir a sus lectores los hechos que él ha recogido, desde sus vivencias personales, desde la subjetividad que le confiere su ser. La Verdad no tiene dueño, no se escribe, ocurre y resulta imposible reproducirla. Desde el momento en el que el hombre interfiere en la reproducción de la misma, se contamina y pierde su esencia. No se trata de una manipulación, sino de un sujeto desempeñando una tarea. Son pocas las ocasiones en las que un diario se toma la libertad de mentir deliberadamente, y muchas las veces en las que la interpretación de un hecho se ve modificado por la versión de las fuentes o el medio por el cual se reproduce.

Podemos creer que la televisión es el medio más objetivo, aludiendo al tema de que las imágenes están ahí. Teniendo en cuenta que no se han manipulado de ninguna manera, ni este medio tan visual se puede acercar al concepto ideal de “La verdad”, puesto que nunca podrá abarcar la totalidad de un hecho. Enfocando con nuestro objetivo, estamos recortando dicho suceso, que queda delimitado, amputado, por el marco de la televisión, circunscrito a una pequeña parte del total de lo que está sucediendo y esto es lo que se toma por el todo. Como periodista puedo afirmar, que ya son pocos los que afirman que van “en busca de la verdad” y muchos los que apoyan la versión de informar “como buenamente pueden” de los hechos que suceden. No estoy dando una versión pesimista de la profesión, me estoy acercando a la versión realista del ideal que se ha construido sobre la figura del periodista. 

Volviendo a la universidad, recuerdo otra de las frases que incluiría en el “top 10” de mi carrera “La Publicidad es la más sincera de las ramas de la Comunicación, al menos ahí te dicen a la cara y sin tapujos quién te está intentando vender qué”. Animo a los lectores, a los consumidores de información, a los críticos anónimos que nos juzgan día a día, que tengan en cuenta una de las definiciones que mejor pueden retratar esta noble profesión tan atacada últimamente “los periodistas nos dedicamos a llenar lo más dignamente posible el espacio que nos deja libre la publicidad”.


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