Construir con la voz edificios de palabras

22.11.2011 10:12

¿Recordáis cómo nos enseñaron a leer? La “m” con la “a”; “ma”, la “m” con la “e” “me... Ese fue el primer paso; años después nos permitieron apoyar el dedo sobre cada renglón para arrastrar las palabras y darles vida, un vicio que, tras tomar un poco de soltura nos quitaron, como el chupete al niño que deja de ser un bebé. Pasaron los cursos y nos aleccionaron en la doctrina de los dictados. Nos impusieron el sonrojo matutino al obligarnos a declamar en voz alta pasajes de 'El Quijote' o de 'El Lazarillo', pero nadie nos enseño a LEER. No supieron educarnos en el colegio ni en el instituto para dar vida a las palabras, para darles forma. No encontraron, o tal vez ni siquiera buscaron, la fórmula para inculcarnos el amor por las pausas, los silencios, las subidas y bajadas de entonación o las respiraciones que engrandecen cada frase y cada párrafo.

En casos excepcionales algún profesor amante de la poesía nos recordó la importancia de una vocalización correcta, padres y abuelos nos contaron cuentos con trepidante fuerza o la radio nos conquistó con aquellas voces de terciopelo que no importaba lo que dijeran sino cómo lo hacían.  

A quienes nos gustaba impostar la voz nos avergonzaba hacerlo en clase por temor a las risas, y solo el teléfono nos permitía sacar a la sensual intérprete que nos habitaba.

Quienes cursamos la carrera de periodismo nos encontramos con la necesidad de escribir y de construir con la voz lo escrito. Muchos precisamos de clases de respiración, logopedia y ensayos ante el espejo y la grabadora. Algunos lograron convertir su timbre y el color de su voz en el suave satén que escucharon de niños. Hay quienes afirma que todos los locutores hablan igual... seguro que se refieren a aquellos provenientes de la radio fórmula, quienes solo radian discos, puesto que LOCUTAR no es sino revivir con arte lo redactado.

Es tan importante hablar con propiedad, conocer a las palabras, quererlas, mimarlas, acunarlas y dejarlas fluir en cualquier estrato o lugar, que somos muchos quienes impondríamos una asignatura destinada a este fin en la enseñanza básica. Todos seríamos más felices si nos dijesen de otro modo las cosas. Si la música de una entonación correcta fuese la banda sonora de nuestros días.

Las cantinelas de las azafatas y pilotos de los aviones serían escuchadas, las llamadas de las cajeras de supermercado no chirriarían, las ofertas de los teleoperadores no obtendrían el silencio como respuesta y las reuniones grupales serían menos tediosas.

Imaginémonos a una clase política que no provocara somnolencia. Visualizad por ejemplo a grandes oradores que nos mantuviesen en vilo entre frase y frase, galas de cine embelesadas por el arte o clases de historia conducidas por narradores chispeantes. Pensad en recorrer un museo con una voz viva acompañándonos.

Imaginad un mundo en el que todos hubiésemos aprendidos a LEER, a declinar, a orar, y, en definitiva, a hablar como el lenguaje merece. En Imam Comunicación nos gusta ese mundo, y creemos que nunca es tarde para ponerlo en práctica. ¿Os atrevéis?

 

 


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